Marruecos: Marrakech, el Sahara y la costa atlántica para viajeros latinoamericanos

Caravana de camellos sobre las dunas del desierto del Sahara al atardecer
Imagen ilustrativa.

Por qué Marruecos sorprende tanto

A solo catorce kilómetros de España por el estrecho de Gibraltar, Marruecos parece otro mundo. Medinas medievales donde el tiempo parece detenido, zocos llenos de colores y aromas, palacios con mosaicos y jardines, las montañas del Atlas, el mar de dunas del Sahara y una costa atlántica salvaje: todo en un mismo país y en distancias relativamente cortas.

Lo que más sorprende a los viajeros latinoamericanos es la intensidad de la experiencia. Marruecos se vive con todos los sentidos: el llamado a la oración, el olor de las especias, el sabor del té de menta, el bullicio de las plazas y el silencio absoluto del desierto por la noche. Además, se combina muy fácilmente con un viaje a España o Portugal.

En esta guía te contamos qué ver en Marrakech y Fez, cómo es una noche en el Sahara, qué ofrecen la costa y Chefchaouen, qué documentos necesitas y qué probar en la mesa.

Un itinerario clásico de 8 a 10 días

Marrakech (3 noches) → cruce del Atlas y noche en el desierto de Merzouga → Fez (2 o 3 noches) → Chefchaouen (1 noche) → regreso por Tánger o Casablanca.

Marrakech: Djemaa el-Fna, zocos, riads y el Jardín Majorelle

Plaza Djemaa el-Fna

El corazón de Marrakech y uno de los espacios más fascinantes del mundo, reconocido por la UNESCO como patrimonio oral e inmaterial. De día hay vendedores de jugo de naranja, encantadores de serpientes y tatuadoras de henna; al caer la tarde se llena de puestos de comida, músicos y cuentacuentos. Mírala desde una terraza al atardecer, con la mezquita Koutoubia de fondo.

Los zocos

Detrás de la plaza se extiende un laberinto de callejuelas organizadas por gremios: especias, cuero, lámparas, alfombras, cerámica, babuchas. Perderse es parte de la experiencia, aunque un guía local te ayudará a orientarte. El regateo es parte de la cultura: hazlo con buen humor y sin prisa.

Los riads

Dormir en un riad, una casa tradicional con un patio interior ajardinado y una fuente, es una de las mejores experiencias del viaje. Detrás de puertas discretas en la medina se esconden verdaderos oasis de calma, muchos con terraza en la azotea.

Jardín Majorelle y más

El Jardín Majorelle, con sus edificios de un azul intenso y sus plantas exóticas, fue restaurado por el diseñador Yves Saint Laurent, cuyo museo está al lado. Completan la visita el Palacio de la Bahía, las Tumbas Saadíes y la madraza Ben Youssef.

Fez: la ciudad medieval más intacta del mundo

Si Marrakech es vibrante, Fez es profunda. Su medina, Fez el-Bali, es considerada una de las ciudades medievales mejor conservadas del mundo y una de las zonas peatonales urbanas más grandes, con miles de callejones donde los burros y mulas siguen transportando mercancías.

  • Las curtidurías: la de Chouara, con sus pozas de colores donde se tiñe el cuero como hace siglos, se observa desde las terrazas de las tiendas vecinas.
  • Universidad Al Qarawiyyin: fundada en el siglo IX, se considera una de las instituciones educativas más antiguas del mundo en funcionamiento.
  • Madrazas: la Bou Inania y la Al Attarine son joyas de la arquitectura meriní, con madera tallada, yeserías y mosaicos.
  • Artesanos: talleres de cerámica, bordado, latón y tejido.

En Fez, más que en cualquier otro lugar, un guía oficial vale la pena: la medina es un laberinto y conocer su historia le da otra dimensión a la visita.

El desierto del Sahara: Merzouga y el amanecer en camello

Una noche en el Sahara es el momento que la mayoría de los viajeros recuerda para siempre. Las dunas de Erg Chebbi, junto al pueblo de Merzouga, alcanzan más de cien metros de altura y cambian de color con la luz.

Cómo es la experiencia

Al final de la tarde se sale en camello o en 4x4 hacia un campamento entre las dunas, a tiempo para ver el atardecer. La noche incluye cena bajo las estrellas, música bereber alrededor del fuego y un cielo con miles de estrellas sin contaminación lumínica. Al amanecer, subir a una duna para ver salir el sol es inolvidable. Hay campamentos sencillos y otros de lujo, con baño privado en cada jaima.

El camino

Desde Marrakech, el trayecto cruza la cordillera del Atlas por el paso de Tizi n'Tichka y pasa por la kasbah de Aït Benhaddou, patrimonio de la UNESCO y escenario de numerosas películas, Ouarzazate, el valle del Dadés y las gargantas del Todra. Lo ideal es hacerlo en tres días, con paradas, y terminar en Fez.

Lleva abrigo: aunque los días sean cálidos, las noches en el desierto pueden ser muy frías, sobre todo en invierno.

La costa atlántica: Essaouira, Casablanca y Rabat

Essaouira

Una ciudad amurallada frente al Atlántico, con murallas blancas, puertas azules, un puerto de pesca lleno de barcas y un ambiente relajado y artístico. Su viento constante la hace famosa entre los aficionados al kitesurf. A unas tres horas de Marrakech, es una excelente escapada de uno o dos días.

Casablanca

La ciudad más grande y moderna del país. Su gran atractivo es la mezquita Hassan II, construida en parte sobre el mar, una de las más grandes del mundo y de las pocas en Marruecos que pueden visitar personas no musulmanas, en visitas guiadas.

Rabat

La capital es tranquila y elegante, con la torre Hassan, el mausoleo de Mohamed V y la kasbah de los Udayas, con sus casas blancas y azules sobre la desembocadura del río.

Chefchaouen, la ciudad azul

En las montañas del Rif, al norte del país, Chefchaouen es famosa por su medina pintada en todos los tonos de azul. Pasear por sus callejuelas, escaleras y plazas es como caminar dentro de una pintura, y la atmósfera es mucho más relajada que en las grandes ciudades.

Recomendamos dormir al menos una noche para disfrutarla temprano en la mañana, antes de que lleguen los visitantes de un día, y subir al atardecer a la mezquita española, en una colina con vista sobre la ciudad. Está a unas tres o cuatro horas de Fez y de Tánger, lo que la convierte en una parada natural si combinas Marruecos con el sur de España.

Requisitos de entrada para colombianos y latinoamericanos

Los requisitos para entrar a Marruecos dependen de la nacionalidad. Ciudadanos de varios países latinoamericanos, como Argentina, Brasil, Chile, México o Perú, han estado exentos de visa para estancias turísticas cortas. Para otras nacionalidades, incluida la colombiana, las condiciones han variado y pueden requerir una visa o una autorización electrónica tramitada antes del viaje.

En todos los casos se necesita pasaporte vigente, con al menos seis meses de validez recomendados, y pueden pedirte reservas de alojamiento y tiquete de regreso.

Antes de comprar tus vuelos, verifica en la Embajada del Reino de Marruecos en tu país y en el portal oficial de visas de Marruecos si tu nacionalidad requiere visa y cuál es el trámite vigente.

Cómo llegar

Desde Colombia se llega con una conexión en Europa, por ejemplo en Madrid, París o Estambul, a Marrakech, Casablanca o Fez. Si viajas por España, también puedes cruzar en ferry desde Tarifa o Algeciras hasta Tánger.

Consejos culturales

  • Viste de forma discreta, cubriendo hombros y rodillas, sobre todo fuera de los hoteles.
  • Pide permiso antes de fotografiar a las personas.
  • Durante el Ramadán, cuyas fechas cambian cada año, evita comer y beber en público durante el día.
  • Contrata guías oficiales y desconfía de los "guías" espontáneos en las medinas.

Gastronomía marroquí: tajín, cuscús y té de menta

  • Tajín: un guiso cocinado a fuego lento en una cazuela de barro con tapa cónica. Los clásicos son de cordero con ciruelas y almendras, de pollo con limón confitado y aceitunas, o de verduras.
  • Cuscús: sémola de trigo al vapor servida con carne y verduras. Tradicionalmente, en las familias se prepara los viernes.
  • Pastela: un hojaldre relleno, salado y dulce a la vez, espolvoreado con azúcar y canela.
  • Harira: una sopa de legumbres y tomate, muy típica durante el Ramadán.
  • Té de menta: el símbolo de la hospitalidad marroquí. Se sirve muy dulce, vertido desde lo alto para formar espuma, y es descortés rechazarlo.
  • Dulces: pasteles de almendra y miel, como los cuernos de gacela.

Para comer, alterna los puestos de Djemaa el-Fna con restaurantes en riads. Una clase de cocina marroquí en Marrakech o Fez es una gran experiencia. Recuerda que el alcohol solo se sirve en hoteles y restaurantes con licencia.

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